¿Cómo satisfacer nuestra hambre emocional y espiritual?

Ese vacío que llegamos a sentir, esa sensación de que algo nos falta,

de que no nos sentimos a gusto en este mundo, son síntomas de un hambre emocional y espiritual.

Mira cómo recobrar el entusiasmo.

¿Alguna vez te has sentido vacío? ¿Te has dado cuenta de que hay algo que te falta?, ¿te has dado cuenta de que tienes hambre? No estoy hablando de hambre física, me refiero a un hambre mucho más profunda. A un hambre emocional, espiritual.

Supongo que no te cuento nada nuevo cuando afirmo que somos mente, cuerpo y alma. Últimamente me he estado preguntando si le damos a estas tres partes la importancia que realmente tienen; entiendo que cuando estudiamos y aprendemos, ejercitamos nuestra parte intelectual, cuando hacemos deporte y comemos ejercitamos nuestra parte física, pero… ¿qué hay de las emociones?

Si las estamos ejercitando correctamente, entonces, ¿de dónde vienen los suicidios, la ansiedad, la depresión, la falta de autoestima, de seguridad, de confianza, de amor propio? ¿Qué hay detrás de las enfermedades, las relaciones tóxicas y los trastornos alimenticios?

Es evidente que hay una parte muy profunda de nosotros que está reclamando atención, sin embargo, resulta incómodo escucharla y la ignoramos, pues toca nuestras fibras más sensibles y dolorosas; esa parte relacionada con nuestras emociones se encuentra abandonada y desnutrida.

Hambre emocional

Hambre emocional

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Me atrae mucho el comportamiento humano y me sorprende ver cómo somos capaces de adaptarnos a determinadas conductas desde la infancia sin cuestionarlas en lo absoluto. Yo misma me encontré en una etapa de mi vida, cuando era pequeña, en la que los adultos me imponían lo que tenía que decir, lo que tenía que pensar, hasta lo que tenía que sentir, me hablaban de emociones como si fueran buenas o malas, cuando al final ¿no son solo eso: emociones?

La importancia que le damos a las emociones es muy poca y tiene que ver con el momento histórico en el que nos encontramos. Vivimos en la sociedad de lo instantáneo. Queremos que todo sea bueno, barato y de ser posible para ayer.

Vamos corriendo a todas partes. No tenemos un segundo para estar quietos. Esta tendencia a vivir de prisa nos deja muy poco tiempo para la reflexión, para examinarnos, para preguntarnos a dónde vamos, qué hacemos y quiénes somos.

Nos vemos inmersos en el ritmo frenético de la vida y nos dejamos envolver por este, porque es muy incómodo quedarnos a solas con nosotros mismos, resulta intolerable quedarnos en silencio.

Tal vez es muy incómodo tener que darte cuenta de que hay cosas en tu vida que no funcionan, de que hay carencias, vacíos; supongo que es todavía más incómodo tener que pedir ayuda, decirle a los demás que “Hay partes de mí que no son tan agradables, que no son tan buenas, tan bonitas”; me imagino que es todavía más incómodo ser vulnerable, porque lo entendemos como debilidad, ¿verdad?

Y entonces activamos nuestros mecanismos de defensa y nos ponemos nuestras máscaras: la profesional, la social, la familiar, la que encaja perfectamente bien para cada ambiente en el que te desenvuelves y que es aceptada, aprobada y validada por tu entorno.

 

El hambre emocional se deriva de:

Vivir bajo la lupa de la aprobación, reconocimiento y validación externa es extenuante y conlleva un precio muy alto que pagar: el precio de perderte a ti mismo. Como es natural, no resulta extraño que tras esta pérdida personal llegue el vacío, la desnutrición y el hambre espiritual.

Aparecen el desasosiego, la incertidumbre, la rabia, la frustración, la falta de ilusión por la vida… por tu vida. Y es aquí que llegamos a una encrucijada, seguir viviendo con la máscara o darnos la oportunidad de enfrentarnos con nosotros mismos para llegar al mejor regalo que puedes darte a ti mismo: el regalo del autoconocimiento para encontrarte a ti.

¿Qué si da miedo? ¡Claro que da miedo, pero vale la pena! Vale toda la pena romper tus muros y barreras para conocerte tal y como eres.

Este autoconocimiento te da una lección vital, el poder de la vulnerabilidad. Pongamos algo en claro: ser vulnerable no significa ser débil, todo lo contario, ser vulnerable te hace poderoso. Te hace ser consciente de tus “defectos” y “fallas”, al tiempo que te permite reconocer todos tus talentos, virtudes y dones también. Tener defectos no te hace menos digno de amor y aceptación. Esto te hace ser auténtico, ¡te hace ser libre!

Y con esta libertad llega el alimento que nutre a tu verdadero yo, llega la posibilidad de descubrir lo que verdaderamente te apasiona, lo que te hace ¡sentirte vivo! Sí, leíste bien SENTIR y sentir y sentir, conectarte con tus emociones, con todas ellas, con las que te gustan y con las que no te gustan tanto; todas ellas forman parte de ti, atrévete a experimentarlas, pero sobre todo ¡atrévete a abrazar el poder liberador de la autenticidad!

¡Atrévete a ser tú!

 

Iraís Méndez

Facilitadora Método INTEGRA.

Transformación a nivel subconsciente.

www.iraismendez.com

irais@metodointegra.com

https://www.facebook.com/irais.mendez.520

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