¿Sabías que no es lo mismo adelgazar que bajar de peso?

No es lo mismo adelgazar que bajar de peso. Nuestro cuerpo está constituido por múltiples sustancias (agua, grasa, hueso, músculo, etc.) pero de todas ellas, el agua es el componente mayoritario. El agua constituye más de la mitad (50-65 %) del peso del cuerpo y en su mayor parte (80 %) se encuentra en los tejidos metabólicamente activos. Por lo tanto, su cantidad depende de la composición corporal y, en consecuencia, de la edad y del sexo.

Aparte del agua, otros dos componentes fundamentales de nuestro cuerpo son:

  1. El tejido magro o masa libre de grasa (MLG) (80 %) que incluye: huesos, músculos, agua extracelular, tejido nervioso y todas las demás células que no son adipocitos o células grasas.

La masa muscular (40 % del peso total) es el componente más importante de la MLG (50 %) y es reflejo del estado nutricional de la proteína. La masa ósea, la que forma los huesos, constituye un 14 % peso total y 18 % de la MLG.

  1. El compartimento graso, tejido adiposo o grasa de almacenamiento (20 %) está formado por adipocitos. La grasa, que a efectos prácticos se considera metabólicamente inactiva, tiene un importante papel de reserva y en el metabolismo hormonal, entre otras funciones. Se diferencia, por su localización, en grasa subcutánea (debajo de la piel, donde se encuentran los mayores almacenes) y grasa interna o visceral.

La cantidad y el porcentaje de todos estos componentes son variables y dependen de diversos factores como edad o sexo, entre otros.

La MLG es mayor en hombres y aumenta progresivamente con la edad hasta los 20 años, disminuyendo posteriormente en el adulto.

El contenido de grasa, por el contrario, aumenta con la edad y es mayor en las mujeres. Una vez alcanzada la adolescencia las mujeres adquieren mayor cantidad de grasa corporal que los hombres y esta diferencia se mantiene en el adulto, de forma que la mujer tiene aproximadamente un 20-25 % de grasa mientras que en el hombre este componente solo supone un 15 % o incluso menos.

Ahora que tenemos un poco más claro cómo está constituido nuestro cuerpo, veamos cómo es que adelgazar no es sinónimo de bajar de peso. Cuando te sometes a una dieta de ayuno, dietas milagrosas, dietas sin carbohidratos, etc., el cerebro no encuentra carbohidratos para poder funcionar. Los primeros días se abastece buscando combustible en el hígado (busca el almacén de azúcar llamado glucógeno). Por cada molécula de glucógeno que el cerebro utiliza, se desprenden varias moléculas de agua, es decir, lo que vas a perder es agua. Seguramente al subirte a la báscula, notarás que pesas 2 o 3 kilos menos, pero en realidad no bajas en medidas, solo pierdes agua, lo cual fomenta la aparición de arrugas y envejecimiento prematuro.

Después, si nuestro cerebro sigue sin recibir la cantidad de carbohidratos adecuada, comenzarás a perder músculo. El músculo se sacrifica para abastecer de glucosa al cerebro. Al terminar la dieta, estaremos felices pues es probable que se hayan perdido alrededor de 5 kilos, aunque en realidad lo único que perdimos fue agua y músculo, y con ello la capacidad para quemar grasa.

Cada kilo de músculo nos ayuda a quemar alrededor de 45 calorías al día. Al perder el músculo, nuestro metabolismo se hace más lento y al dejar la dieta, se recupera a gran velocidad el peso perdido e incluso un poco más (lo que se conoce como el “rebote”).

Por querer bajar de peso de manera rápida, se llegan a cometer errores que a la larga te impedirán adelgazar de forma permanente. A veces elegimos dietas que caen en los extremos o elegimos consumir algún medicamento para controlar el apetito y a la larga nuestra tiroides será quien la pague. Es por eso que te recomiendo acudir a una cita para hacerte una valoración y de esta manera podrás llevar una alimentación saludable sin sacrificar la comida, sin pasar hambre, aprendiendo a comer de manera balanceada y haciendo un cambio de hábitos para toda la vida. 

L.N. y M.E. Adriana Garza Gonzélez

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