¿Quién ataca más a una madre primeriza? Las “madres experimentadas”

Hay cursos para aprender a ser madre, para parir de miles de formas, para criar a los hijos, para todo lo concerniente a la maternidad y por supuesto a la paternidad, pero ninguno te prepara realmente para la experiencia de ser madre, así que nos aventuramos solo con un montón de teorías y consejos, que en la mayoría de los casos no nos funcionan.

Bueno, no sabemos ni meterle el pezón correctamente al bebé; batallamos para que lo atrape y empiece a succionar, sufrimos porque el pobre pasa hambre porque no producimos leche aún y nos dan atoles, tés, cerveza y una infinidad de cocteles para hacer de nosotras, las madres primerizas, unas vacas productoras de leche.

¿Y si la leche nunca llega? No es culpa de mi organismo, sino mía porque no supe cómo manipular mis pechos para que produjeran leche y entonces, gracias a mí es que el bebé pasa hambre. Y si la leche sí llega, pero no satisface al bebé (“si no lo lleno”), también es mi culpa porque “No te alimentas bien, estás estresada, aprehensiva, presionada, tranquilízate y la leche llegará bien nutritiva…”.

No lo dejes llorar, le va a hacer daño. No lo cargues, se va a mal acostumbrar. No lo arropes tanto, se va a acalorar. No lo traigas tan destapado, se va a resfriar. Cámbialo en cuanto se ensucie, si no se va a rozar. No le cambies la fórmula láctea, vas a fregar su estómago… Cámbiale la fórmula láctea por una que no tenga lactosa (hoy a todo el mundo le afecta la lactosa), seguro eso le está haciendo daño.

A mi estado de ánimo de recién parida: cansancio, estrés, frustración ante una situación nunca antes manejada, desvelos, dolor tanto si fue parto normal o cesárea, preocupación por cómo manejaremos trabajo e hijo, soledad y depresión posparto (si es que la hay), hay que agregarle las constantes críticas de las “madres experimentadas” y entre ellas se incluyen hasta las que nunca han sido madres.

Todas y todos saben más que tú. Todos te harán saber que eres una inútil como madre, te bombardearán con críticas, consejos, comentarios y burlas. Pero lo hacen por tu bien, porque quieren que aprendas rápido a ser una madre perfecta y sin dolor no hay aprendizaje, eso lo sabe todo el mundo, así que apechuga o vete a vivir lejos de tu familia y pasa la maternidad como tú quieras, muchas han preferido esta última opción y quizá es la más sana.

Nuestra madre (no estoy generalizando) suele ser la más crítica y la que te empujará al aprendizaje sin piedad. Sí, antes de ser madre, eras la niña consentida de mamá, pero en cuanto nace tu hijo eso se olvida y eres una perfecta idiota para ser madre, a menos que rápidamente demuestres lo contrario.

¿Pensabas que tu mamá te iba a ayudar a criar a tu hijo? ¿Que ibas a poder dejárselo para que te fueras a trabajar? Qué ilusa eres. No es su responsabilidad y si querías hijos, pues ahora te friegas, tú debes hacerte cargo. Debiste pensarlo bien antes de embarazarte. O quizá eres de esas suertudas a quienes su madre les ayuda mucho, ¡qué bien!, pasarás la crianza como si estuvieras en un lecho de rosas.

Pero no siempre es así. Te ayude o no tu madre, siempre será la primera “madre experimentada” que arremeterá en tu contra y si valoras tu salud mental (la poca que te queda), pondrás tierra de por medio en esa relación.

¿Y qué hay con las hermas, primas y amigas (o desconocidas)? Todas ellas tendrán siempre una opinión o “consejo” que te hará mejor madre, no lo dudes. Y si te hacen sentir mal es por tu bien, no te lo tomes tan a pecho. Recuerda que todos saben más que tú sobre el oficio de ser madre, atesora y lleva a la práctica lo que te digan… ¡No, ni se te ocurra dudar de sus palabras!, todos están ahí para ayudarte… a sentirte más desgraciada e inútil.

¿Por qué te atacan todos?

Creo que cuando nace un bebé el instinto materno se extiende como pólvora sobre todos los que están a tu alrededor. Todos se sienten responsables del bienestar del recién nacido, hasta tu vecino. Y como que a todos los ilumina el conocimiento sobre bebés, menos a ti.

Y porque ser primerizo en algo connota no tener experiencia, ignorante, incapaz, iletrado, inexperto, pero con posibilidades de aprender, así que habrá muchos que se presten a ayudarte, preocúpate por ello.

En nuestra cultura, la decisión de tener un hijo en el fondo es mal vista. Aunque todo el mundo se llene la boca diciendo que un hijo es una bendición, que todas las madres son hermosas y buenas, que la maternidad es lo mejor de esta vida, son puras frases trilladas que hemos aprendido generación tras generación. Son mentiras heredadas que, aunque no estemos de acuerdo con ellas, las replicamos y actuamos en base a ellas.

Si te atreves a decir que la maternidad no es tan bella como dicen, te linchan; si dices que los hijos son “de hueva” (como lo dice la “sabia” Marta Debayle), tu destino es el infierno en vida y muerta; si no quieres amamantar, eres una mala madre; si en cuanto nace mandas a tu hijo a su propia habitación, eres de lo peor, ¡mira que preferir dormir con tu marido que con tu hijo!

La maternidad no es fácil, nada fácil. A unas les va de maravilla, a otras no y cada quien contará su historia de acuerdo a su experiencia, y todas esas historias son válidas y respetables. Lo que no es respetables es decir, por ejemplo, que tener un hijo fue lo mejor que te pudo haber pasado, cuando desde que nació tuviste un montón de problemas: no le quedó la leche, nació prematuro, no produjiste leche, lloraba mucho y no conciliaba el sueño, tuvo alguna enfermedad, etc.

¿Por qué no decir la verdad? Que fue una experiencia realmente fea y que no lo volverás a hacer o que fue algo bello y por eso vas por el segundo, tercero o cuarto. ¿Por qué no lo decimos? Porque nos linchan, por eso. Las “madres experimentadas” se irán contra ti y nunca dejarás de ser mala madre o vale madre, si te decidiste por tener más hijos.

Ya no tener hijos, solo uno, o tener varios… ninguna es la mejor decisión para las “madres experimentadas”. Es decir, nada las complace. Y dejarás de sentir el dedo acusador sobre ti cuando tu hijo tenga 3, 4, 10, 15, 18 años… ¡no, nunca dejarás de sentirlo!, hasta que tú misma te conviertas en una de esas madres que se atreve a criticar, aconsejar y “ayudar” a las madres primerizas.

¿Qué hacer ante las “madres experimentadas”?

No va a ser fácil, pero tú puedes. Entiende que ser madre se aprende sobre la marcha, escucha lo que te digan, analiza y toma tú las decisiones concernientes a tu hijo. No te creas todo lo que te digan, infórmate, investiga, lee sobre el tema y nuevamente, toma tú la decisión.

Respira hondo, muy hondo; luego, deja ir el aire poco a poco y manda al diablo a todos aquellos que te bombardeen con críticas y consejos. Que si le debes cambiar la fórmula láctea, que si debes insistir con tu pecho, que si le debes poner esta crema, este tipo de pañal, que mejor le des té de hierbabuena… no de manzanilla, que debe dormir contigo (entiende que no lo vas a aplastar), que si lo debes dejar llorar, que si no, que lo tapes, lo destapes…

Tú tomas las decisiones con respecto a tu hijo y a tu cuerpo. Escucha y toma lo que creas que es mejor, lo demás, ignóralo. Te van a criticar, sí, pero debes aprender (¡inténtalo!) a lograr que todo se te resbale. Pon distancia de por medio. Ahora eres tú y tu hijo y tu pareja (si la hay), y solos aprenderán a ser padres, no necesitan a nadie más.

Y si quieres contribuir a que este sea un mundo mejor, no critiques a una madre primeriza. Recuerda que tú pasaste por lo mismo y que nadie nace sabiendo. Da un consejo si te lo piden y si no, mejor quédate callada.

Carmina Capistrán

Especialista en lenguaje y semiótica.

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