Los niños violentos necesitan padres tranquilos, no es fácil, pero sí es posible

Niños violentos; Recuerdo muy bien una de las rabietas que hizo mi hija cuando tenía alrededor de 2 años;

de hecho, nunca se me va a olvidar porque cuando llegamos a casa descargué mi frustración, vergüenza (que me hizo pasar en la calle) y furia en ella dándole una fuerte nalgada.

Creo que solo dejó de llorar durante un minuto poco después de la nalgada. Fue una breve pausa a la que le siguió un berrinche mayor, pataleo, gritos y llanto. La levanté, la abracé y le susurré palabras tranquilas, fue así como pude calmarla. De esa experiencia me quedaron dos cosas: un gran remordimiento por haberla golpeado y la certeza de que los golpes no son la solución.

Así es, los golpes no son la solución. No importa que pensemos “A mí me dieron una que otra nalgada de pequeño”, “Antes, se les quitaba lo berrinchudo a los niños con golpes”… ¡No, en ningún caso es buena idea pegarle a los hijos! Y las prácticas antiguas no siempre son las mejores, no importa que hayan prevalecido durante generaciones, eso no les otorga valor ni funcionalidad.

 

El comportamiento de tu hijo es una forma de comunicación

Los bebés muestran sus necesidades, incomodidad, miedo o dolor a través del llanto. Esa es su forma de comunicarse contigo y de decirte lo que quiere. Claro, es un juego de adivinanzas, pero a la larga vas familiarizándote con su comportamiento y logras atinarle a la primera para calmarlo.

Cuando el niño va creciendo sigue utilizando el llanto para pedir lo que quiere o decirte cómo se siente, pero es tu responsabilidad irle enseñando a utilizar el diálogo y los argumentos para que aprenda a comunicarse sin hacer berrinches o rabietas.

 

No es un camino fácil porque hay niños más temperamentales que otros y tu nivel de paciencia influye en cómo vaya aprendiendo a comunicarse sin explotar. Quizá tu hijo está abrumado, frustrado o tiene algún problema de comportamiento que deba ser tratado con un especialista, así que no explotes tú también porque empeorarás la situación.

Tampoco des por hecho que su comportamiento es una forma de manipulación. De acuerdo con el Child Mind Institute “… los niños que arremeten con violencia suelen ser incapaces de manejar la frustración o la ira de manera más efectiva; es decir, hablando y resolviendo cómo alcanzar lo que quieren”.

¿Qué debes hacer? Primero ser consciente de que la forma en que tú reacciones ante sus explosiones, tendrá un efecto directo en si él continuará respondiendo a la angustia de la misma manera o aprenderá mejores formas de manejar sus sentimientos. Lo segundo, de acuerdo con el Child Mind Institute, es poner en práctica los siguientes consejos:

Mantén la calma. No es fácil, pero debes hacer un gran esfuerzo. Si le gritas será más difícil llegar a él, máxime si le pegas, porque ello hará que se ponga más agresivo y desafiante.

 

 

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No te des por vencido. No lo alientes a seguir ese comportamiento al aceptar lo que él quiere para lograr que se detenga o controle. Es decir, no le des gusto porque sabrá que sus explosiones funcionan para lograr lo que quiere.

Felicítalo cuando logre un comportamiento adecuado. Cuando el niño se haya calmado felicítalo por haberlo logrado porque también para el requirió de un gran esfuerzo.

Ayúdalo a practicar las habilidades para solucionar problemas. Cuando el niño no esté angustiado, es el momento para ayudarlo a que pruebe cómo comunicar sus sentimientos y cómo proponer soluciones a conflictos antes de que se intensifiquen en estallidos agresivos. Puedes preguntarle cómo se siente y cómo piensa que podría solucionar un problema.

Pon en práctica el sistema de time-outs (tiempo de reflexión) y de recompensas. Los time-outs (dejarlo solo durante un momento para que se calme) para el mal comportamiento no violento (es decir, cuando el comportamiento no significa peligro físico para él o los demás) pueden funcionar bien en los niños menores de 7 u 8 años de edad. Si un niño es demasiado mayor para los time-outs, puedes optar por un sistema de refuerzo positivo por la conducta apropiada, esto es, darle puntos o fichas para algo que él quiere.

Evita los desencadenantes. El Child Mind Institute cita al doctor Vasco Lopes, psicólogo clínico, quien dice que en la mayoría de los niños que tienen crisis emocionales frecuentes, estas suceden en momentos predecibles, como a la hora de las tareas, de acostarse o cuando debe dejar de jugar. El desencadenante suele ser el que le pidas hacer algo que no les gusta o que dejen de hacer algo que les gusta. Aquí funcionan las advertencias de tiempo (“Nos vamos en 10 minutos”), dividir las tareas en instrucciones de un paso (“Primero, ponte los zapatos”) y la preparación del niño a situaciones (“Por favor, pide permiso antes de levantarte de la mesa de la abuela”).

Pero la regla de oro ante las rabietas de tu hijo es ignorarlas completamente, porque incluso si le dices “¡Para ya!”, “¡Compórtate!”, “¡Estate quieto”! o cualquier otra advertencia negativa, solo hará que lo alientes más.

Pero ten cuidado si las rabietas de tu hijo son violentas, es decir, si significan que podría dañarse a sí mismo o a los demás. Entonces, debes poner toda tu atención en él y mantenerlo en un lugar seguro.

¿Qué pasa si tu hijo ya sobrepasó la edad de los berrinches y rabietas?

Según el Child Mind Institute: “Las rabietas y crisis emocionales son especialmente inquietantes cuando ocurren con mayor frecuencia, mayor intensidad o después de la edad en la que se esperan para su nivel de desarrollo (esos terribles dos años y durante la edad preescolar). A medida que el niño crece, la agresión se vuelve cada vez más peligrosa para usted y para el niño. Y puede convertirse en un gran problema para él en la escuela y también con los amigos”.

 

Si tu hijo muestra un patrón de arremetidas violentas, el Child Mind Institute recomienda visitar a un especialista para determinar las posibles razones de su conducta y cita algunos trastornos que podrían ser el problema:

  • TDHA (Trastorno por déficit de atención e hiperactividad)
  • Ansiedad
  • Discapacidades del aprendizaje no diagnosticadas
  • Problemas de procesamiento sensorial
  • Autismo

Estas son solo algunas de las causas, pero es importante que lo lleves con un especialista para que realice el diagnóstico adecuado y te recomiende el mejor tratamiento para la salud de tu hijo. Si quieres saber más sobre salud mental y desórdenes de aprendizaje en los niños, visita www.childmind.org, cuentan con un área de recursos, artículos y consejos en español. ¡Empieza ya a ser un padre informado y olvídate de que los golpes son la solución!

Carmina Capistrán

Especialista en lenguaje y semiótica.

www.karacteres.com

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