¿Por qué le tenemos miedo a la soledad?

Qué palabra tan callada y profunda, expresa cuando se escucha ese sentimiento que en algunos es de paz y recogimiento, es también de encuentro con uno mismo, es ese espacio de descubrimientos dentro de ese mundo mágico y misterioso, en donde habita el “espíritu”.

La soledad nos permite observarnos para conocernos y así poder rescatarnos a nosotros mismos. La soledad, es la edad del sol-edad, es la oportunidad de permitir que surja el ser y brille. El ser que se siente solo consigo mismo, quiere decir que tu propia compañía no te gusta o te asusta.

Para algunos es solamente en la soledad en donde se crea, se inventa, se expresa todo lo que se tiene adentro, también es ahí donde se entra en contacto con la divinidad.

Para estos seres creativos que buscan aventuras casi místicas o místicas, la soledad es la cómplice de la inspiración que les permite realizar en sueños, darles cuerpo y aterrizarlos. Para los que meditan, la soledad es indispensable, pues deben refugiarse dentro de ella para sumergirse en el infinito silencio que los conduce a su ser.

Hay otros seres que le temen, que no saben qué hacer con su soledad. Tal vez aún no la entienden, no saben estar solos consigo mismos, no saben qué platicarse, además no la quieren conocer, ya que a lo mejor hay muchos huecos vacíos en su interior que no han querido llenar.

El viaje hacia dentro toma voluntad y tiempo, y hay veces que no se han dado ese tiempo por estar demasiado distraídos con el excitante mundo de afuera. El día que se topan con la soledad, que casi es en la edad adulta, se encuentran con una realidad para la cual no se han preparado, ni mental ni emocional y hasta físicamente, entonces quieren salir corriendo en busca de lo que sea, con tal de no vivir la soledad. Es convertirse en un mendigo en busca de compañía.

En algún momento de nuestra vida, todos vivimos la soledad. Si ponemos un poco de atención, nos “damos cuenta” de que llegamos a este mundo solos, nacimos solos, pues aún los mellizos o quintillizos nacen solos, uno a la vez y cuando partimos de este mundo, también nos vamos solos en busca de la luz.

La única forma que tienen los seres que dudan de las ventajas de la soledad, es entablar amistad con la soledad. Hay seres acompañados que comparten entre sí una gran soledad.

Admito que no es fácil convivir con la soledad, la madre Teresa de Calcuta alguna vez me dijo que la pobreza más grande que sufre una persona enferma, inválida y que no tiene recursos, es la soledad, se anhela sentir el calor de una mano que cura, que acaricia o que da apoyo, es la muleta en la que se apoya su alma.

Una cosa es “soledad” y otra cosa es “desolación”.

La desolación la vive el que está vacío o destruido por dentro.

Esta es la que pesa, la que duele, esta es la “derrota”.

Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la luna, en una entrevista comentó: “Sentí verdaderamente lo que es la soledad, ese día en que fui el primer ser humano que pisó la luna, sentí y viví la grandiosidad y la belleza del silencioso espacio, admiré extasiado el panorama que me ofrecía el planeta Tierra, brillaba, era tan azul y muy bello, y lloré y lloré, y me sentí tan solo, no tenía a nadie a mi lado para compartir ese momento inolvidable, imborrable, inconmensurable, qué tristeza me invadió estaba tan solo”.

Es verdad, la soledad necesita de un entrenamiento espiritual. Pero me pregunto ¿por qué si hay tantos niños huérfanos, tantas personas que necesitan nuestras manos, nuestras palabras, en fin, nuestra presencia para aligerar sus carencias, por qué en vez de quejarnos y sufrir la soledad, no nos convertimos en instrumentos de amor y salimos a servir? Les aseguro que al sentirnos “útiles” la soledad no vuelve.

Su amiga

Lilia Reyes Spíndola

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Lilia Reyes Spíndola

Lilia Reyes Spíndola escogió el camino de la comunicación para poder expresar sus ideales, con la intención de contribuir a la construcción de un mundo mejor. Como hija de un embajador de México, vivió y estudió en varias naciones, lo que le permitió conocer diferentes culturas y desperté en ella un gran interés por el comportamiento, la mente y el alma del ser humano.

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