La tristeza: mi maestra en esta transición de año

Por Jaime Lugo

Invierno, fin del 2017 y arranque del 2018. Catarro, tos, dolor de garganta; frío, desgano para movernos… tempranos anocheceres, melancolía.

La temporada viene llena de recuerdos nostálgicos, memorias de todo lo que fue y de incertidumbre por lo que será, cargada de innumerables deseos que a veces así se quedan: como deseos.

Claramente es una transición por la que no es tan fácil andar para muchos y es que solemos compensarla con abrigos, azúcar, grasa, regalos, reuniones, alcohol, abrazos y muchas risas, pero también… llanto.

La tristeza viene a nosotros como una traducción de todo lo que este cierre e inicio de ciclo representa.

De la palabra triste, podemos remontarnos a que en sánscrito significa “áspero”; en lituano, “nublado” o también “oscuro”, en anglosajón. De los orígenes más buscados, se dice que en latín, tiene un tinte de “tétrico”.

Pero como aquí siempre nos gusta ir más allá de la palabra y la conducta, vayamos al lenguaje del alma para encontrarle un sentido íntimo y sobre todo, de consciencia y utilidad para nuestra vida.

Con una mirada holística (integral), por todas partes las señales que nos llegan son una propuesta de recogimiento, introspección, reflexión y de encontrar adentro el calor que no hallamos afuera.

La temperatura y el clima son manifestaciones sabias de la naturaleza al indicarnos que en el reino de la vida vegetal, para la mayoría es momento de “bien morir” para dar paso a un resurgimiento en la primavera, pero —insisto— por ahora es tiempo de dejarnos ir a la antesala del renacimiento.

Nuestro organismo sabe eso perfectamente bien, pues manda mensajes insistentes de aquella falta de energía ante la inmovilidad a la que nos lleva el frío: “por favor, dame azúcar, dame grasita… dame, dame, dame”. Por eso, el tan famoso “época de dar y recibir”… Total, que después de un periodo de movernos poco y comer mucho, pues arrancamos 2018 con cierto sobrepeso.

Pero, ¿y la tristeza?

Sentirnos tristes a final e inicio de año no es malo y tampoco representa que vamos por mal camino: una flor siempre se marchita, un árbol se seca, algunos frutos perecen y el cielo no siempre es azul… el sol no siempre brilla (y si brilla, el viento es helado); y así como existe el día, existe la noche y sin ella no habría vida.

Mucho pasa durante la noche fría y gracias a ella, infinidad de factores indispensables para la felicidad se van gestando.

La propuesta es que tú que lees esto y que estás “triste por tu tristeza”, reconozcas que todo esto tiene un sentido práctico en tu paso por la vida.

Mucha gente cree que un manejo óptimo de sus emociones (en este caso de la tristeza), es dejarse llorar… No es del todo falso, pero si lo comparamos, es igual a que por hacer ejercicio “nos permitamos sudar”. Y pues resulta que eso es apenas la reacción fisiológica esperada y obvia.

Al estar tristes lo menos que nuestro ser espera es que no bloqueemos las lágrimas; es un reflejo inmediato e indispensable, incluso así, mucha gente logra bloquearlo por creencias culturales.

¿Cómo descubrir y aprovechar la relevancia de nuestra tristeza?

La tristeza, al igual que el invierno, el frío, los recuerdos nostálgicos y las ganas de no movernos, ¿a qué nos invita?

A buscar adentro —como decía— la calidez, energía, refugio, dulzura y abrazo que muchas veces no hay afuera.

Inevitablemente la tristeza nos pide, nos requiere, nos implora y abre la puerta a una visita al interior, un autorreconocimiento, al autoapapacho.

Es una temporada sabia y una oportunidad de oro que recibimos para guardarnos y darle valor y sentido a ese movimiento físico que realizamos cuando tenemos frío: nos rodeamos con nuestros propios brazos, nos abrazamos a nosotros mismos.

Ante todo esto, la tristeza te pide lo siguiente:

  • “Necesito que te quieras mucho, que te conozcas por dentro y te des todo lo que afuera en esta temporada no hay, por cuestiones de equilibrio natural”.
  • “Quiero que descubras aquí adentro todo lo que tienes para darte y dar a los demás, pero primero tú, por favor”.

Y así, podemos encontrar infinidad de mensajes en la tristeza y en todas las emociones que nos visiten en cada temporada de la naturaleza. Esta naturaleza tan sabia que, en cada uno de sus momentos nos pone enfrente las oportunidades para conocernos más y mejor y así, transitar por esta vida de la manera más bella posible:

Para trascender.

Soy Jaime Lugo, terapeuta transpersonal y me encuentran para terapia individual en la condesa CDMX.

Página www.jaimelugo.com | Teléfono 55 1818 8187 | Facebook | Jaime Lugo Terapeuta

También tenemos una cita cada viernes a las 11 am en mi programa “Transpersonal” entrando a www.8ymedia.com o por FacebookLive.

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Jaime Lugo

Terapeuta enfocado en emoción, mente, cuerpo y el estrecho vínculo que juntos entretejen en el ser humano. Constante estudioso de Psicogenealogía y Descodificación Biológica. También soy Maestro del Método Aplicación Mental con certificación por SEP y UNESCO, “Master“ en Reiki japon“s “Gokuikaiden“ y especialista en masaje terapéutico. Feliz de seguir el camino de lo novedoso en temas terapéuticos, de bienestar y autoconocimiento.

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