La pareja interior, una imagen opuesta de nosotros mismos

Por Andrea Franco

La noche y el día, la luz y la oscuridad, arriba y abajo… todo en el universo es una danza eterna entre polaridades,
entre dos energías opuestas y complementarias que conocemos como lo femenino y lo masculino.

Y así como en el universo, en nuestro cuerpo, en nuestro interior, también se encarnan y manifiestan creando lo que Carl Jung llamaba pareja interior,
es decir, una imagen opuesta de nosotros mismos con características bien definidas que no reconocemos conscientemente y a la que rechazamos inconscientemente.

Lo femenino se expresa en la suavidad de la vida, en el caos, en la liviandad, en la espera, en la suave contemplación,
la ternura de una madre, en todas las líneas curvas de las que se compone el mundo, en la intuitiva vida natural, es el nosotros.

 

 

Lo masculino se expresa en la fuerza, la dureza, la razón, es aquello que penetra, que genera tensión, que clasifica,
son las líneas rectas, es la punta de la flecha que va a una dirección, es el individuo.

 

 

En casi todas las culturas, en la filosofía y en las tradiciones se le ha dado un espacio a estas dos energías, se habla del cielo
y el infierno, del sol y la luna como amantes eternos, el ying y el yang, la ley del género en el kybalion.
Y así cada energía contiene un poco de su opuesto, así como en la luna hay luz, así como en el día más perfecto puede haber un poco de melancolía.

En nuestro basto mundo interno, en la vida, día a día, en el cumplimiento de nuestros roles nos vamos identificando con una de estas energías
y sin querer vamos excluyendo a la otra. Entonces le damos importancia a la razón, a cumplir objetivos y metas
y sin querer olvidamos ser livianos, la belleza del caos, la dulzura en el trato. Nos vamos polarizando, dividiendo, desintegrando.

 

 

Y así como es adentro es afuera, entonces nuestras relaciones se vuelven chatas, la llama se apaga, la búsqueda comienza.

La búsqueda comienza porque aquello que queda de la otra energía vivo dentro de nosotros lucha por salir, por ser reconocido, amado y visto.
La añoranza del encuentro, la sensación de completarnos nos lleva a buscar afuera en principio aquello que creemos que nos falta.
Buscamos una pareja y otra pareja y al tenerla algo sigue faltando y nos preguntamos por qué,
por qué al tenerla de pronto nos sigue debiendo,
seguimos buscando, porque nos confronta, porque la rechazamos.

En el trabajo con la pareja interior por fin entendemos que aquellos aspectos polarizados dentro de nosotros,
nuestro propio masculino y femenino a veces esta en lucha, tal como una pareja a veces son poco reconocidos,
no se hablan o no se caen bien.
Y algo que no es reconocido, valorado internamente, tampoco lo puede ser externamente y la vida nos pone más de lo mismo.

 

 

 

Al encontrarnos con nuestras polaridades, el poder reconocerlas y aceptarlas, integrarlas interiormente es en sí un trabajo que nos trae un
profundo crecimiento personal y una sensación de sentirnos completos en nuestras vidas.

Es mirar nuestro lado luminoso, pero también nuestro lado oscuro, es aceptar nuestras partes masculina y femenina y poder usarlas en la vida,
dar ternura y poner límites, soñar muy alto y luego concretar nuestros planes, vivir la vida con intensidad,
con locura y tener la disciplina suficiente para ser exitosos.

Y, sobre todo, es amarnos completamente en nuestras virtudes y defectos para poder amar a otro.

 

Andrea Franco

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