El consultorio de la secundaria

Qué lejos ha quedado…

Cómo hemos cambiado…

Y no es canción.

Quieren construirse un mundo por sí solos; ellos son capaces de eso y de mucho más.

Son los más crueles jueces y los más críticos.

Son implacables, rudos, retadores, los mejores actores, los que poseen la verdad absoluta, nunca se equivocan y si lo hacen ha sido a propósito, para probarnos, nada más.

Llega una época en que se vuelven los más orgullosos y fuertes; sin embargo, es cuando más afecto necesitan.

Sus vidas están llenas de miedos, angustias, depresiones y vergüenza.

¿Adivinas quiénes son estos peculiares personajes?

¡Sí!, son los adolescentes; esos que no son niños, ni adultos y que no entienden muchas cosas que les están pasando.

Vaya que lo sé muy bien, mis días están llenos de todo esto, de montañas rusas, torbellinos, luchas y claro: de esos arranques de amor repentinos, que además debo aprovechar porque cada día escasean más.

Yo tengo un “espécimen” así: ¡tengo un adolescente en casa!, quien ha adquirido últimamente una modalidad especial: sus temporadas de enfermizo… y la verdad no sé si se enferma por estrés, por nervios en la época de exámenes, casualmente, o nada más porque con esas ganas se despertó, en fin…

Hoy fui a su escuela para justificar inasistencias por enfermedad y me dijeron que pasara con la doctora para revisión de la receta médica que yo llevaba.

Emilio ya me había hablado de ella, de esa grandiosa y singular mujer. Me platicó muy contento que es buena onda, que le cae muy bien, que les hace caso, que los atiende con los medicamentos adecuados, etcétera.

Estuve en su consultorio cerca de 15 minutos, suficientes para salir de ahí más que agradecida por esos ángeles disfrazados que se cruzan en el camino, en este caso, en el de mi Emilio…

La doctora me platicó de los jóvenes que acuden constantemente con ella; diario, a todas horas, bajo cualquier síntoma imaginario. Me dijo que su consultorio en realidad es un refugio, una cueva, una fortaleza en la que los chicos se esconden, se protegen, se desahogan, lloran, ríen, se confiesan, comparten sus sueños y sus pesadillas… Qué emoción saber que en esa escuela llena de adolescentes volátiles, con el mismo temperamento que una bomba de tiempo, hay un lugar en el que se sienten a salvo, con alguien que los entiende y que les abre las puertas para darles permiso de “Ser”; ahí… en un refugio que le han puesto el letrero de “consultorio”, entran con prisa y ansiosos de recibir esa anhelada “dosis” de tranquilidad, de escucha y acompañamiento. Gracias por estos espacios que son un oasis en medio del desierto.

Volviendo a los adolescentes, debo confesar que hay algo que me encanta de ellos: es esa pasión arrebatadora que los lleva a creer que pueden cambiar el mundo y hacerlo mejor… la verdad es que yo también lo creo.

Patricia Cervantes M.

Es productora y co-conductora del programa “ Todo es una señal”.

Facebook: Patricia Cervantes M.

Twitter: @pcervantesm

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