Decir no es bueno para tu salud

Aprende a escuchar tu voz interna

 

Por Angy Meza

Life Coach Certificada

Nuestro cuerpo es una máquina de ingeniería ¡PERFECTA! Todo lo que sucede dentro de este tiene que ver con mantenernos a salvo de cualquier peligro o amenaza. A muchos nos ha pasado que de pronto —sin saber exactamente por qué— sentimos “algo” que nos pone en estado de alerta con respecto a alguna situación, persona o lugar. Se ha estudiado bastante a cerca de nuestra llamada intuición, otros especialistas prefieren nombrarlo presentimientos; para mí tiene que ver con “ese llamado interno que lanza el cuerpo” para hacerme saber que algo puede que no vaya tan bien.

¿Cuántas veces hemos experimentado ante alguna situación, donde terminamos diciendo que sí, cuando en realidad queríamos decir no?

La educación que recibimos generaciones como los baby boomers, la generación X y algunos millenials, fue en algunos aspectos, impositiva:

—“¡No te levantas de la mesa hasta que no te hayas terminado todo lo que hay en el plato!”.

Al analizar esta frase, aunque ahora nos dé un poco de risa, la realidad es que nos habla de algunas programaciones mentales que recibimos sin darnos cuenta y que ahora se reflejan en nuestro andar por la vida.

Si de pequeños era casi imposible decir que no porque las consecuencias amenazaban con un castigo, hoy día observa a qué situaciones o personas vas aceptando en tu vida sin cuestionarte el valor que te aportan o la energía que te restan.

Decir que no es muy importante para nuestra salud emocional. Ya que tiene que ver con los límites que somos capaces de poner ante los demás.

Es respetar nuestro reino interno, es saber escucharnos, observar en silencio que dice nuestro cuerpo y tomar, entonces, una decisión. Es estar en comunicación permanente con nosotros mismo y sobre todo, es entender que nadie más te puede obligar a hacer, estar, decir o actuar de otra forma que no sea la que para ti y tus principios y valores esté bien.

Decimos que aun no queriendo porque aprendimos que era “mejor visto”, con este se abrían puertas a la inclusión en algún grupo, a la aceptación por parte de nuestras figuras importantes de autoridad o vinculación (padres, tutores, maestros, hermanos, compañeros de la escuela). El cerebro capta un como una forma de integrarnos al mundo que nos rodea, de ser incluidos, lo que a su vez nos da la sensación de pertenencia y seguridad; preferimos muchas veces “malo, que nada”.

Pero a la larga, ¿qué obtenemos?

  • Relaciones que no nos aportan cosas positivas.
  • Trabajos o empleos que no nos permiten desarrollarnos adecuadamente.
  • Vínculos emocionales codependientes que nos generan ansiedad, tristeza y sufrimiento.
  • La creencia de que un no como respuesta es algo malo.
  • Terminamos por faltarnos al respeto a nosotros mismos.

He observado en mis sesiones (y también en mi vida personal) que a veces al recibir una negativa como respuesta, reaccionamos ofendidos, como si se tratara de una gravísima falta de respeto. Algunas reacciones pueden recurrir al chantaje, deseando manipular el resultado, otras veces se recurre a los reclamos, otras más a la victimización.

Lo que observo a continuación es que esta forma de reaccionar tiene que ver más con aquello que aprendimos en la infancia. Si en casa, el negarse a realizar una tarea difícil, terminar un plato de comida, cuidar de un hermano menor, etc. venía con reproches, regaños, castigos o chantajes, hoy seguramente forma parte de cómo reaccionamos cuando alguien no desea hacer lo que nosotros le pedimos.

¿Cómo empiezo a decir que no, sin sentirme culpable?

  1. Primero te recomiendo que ante cualquier situación que te haga dudar, observes tu cuerpo: siempre se encarga de mandar señales a través de sensaciones, ya sea que se acelere tu corazón, ligera sudoración en las manos, mandíbula tensa, sensación de hueco en el estómago, rigidez en cuello y hombros, sensación de “encogernos” con respecto a la postura natural de la espalda; las señales comienzan ahí.
  2. Antes de decidir, pregúntate:

¿Esto está bien para mí?

¿Me siento cómodo o cómoda con esta decisión?

¿Me puedo hacer responsable de mi respuesta?

  1. Aprende que dudar tampoco es malo. Si hay algo de lo que no estás completamente convencido, toma el tiempo necesario para tomar dicha decisión con más calma. En esta época de prisas, donde todo tiene que ser pronto y bien, hemos perdido el hábito (y el derecho) de reflexionar.

Decide también el no cuando sea necesario.

Y también aprende a respetar cuando alguien más se niegue a realizar las cosas exactamente como tú las deseas o quieres.

No te quites, ni les quites a los demás el derecho a decidir libremente.

Angy Meza

Life Coach Certificada

Tú, En Bienestar

www.angymeza.com

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Angy Meza

Con más de 5 años de experiencia en Procesos Emocionales y De Vida, Certificada como Life Coach y Facilitadora en Herramientas de Coaching por El Colegio International de Coaching Integrativo, Desarrollo Humano y Negocios, S.C., además de contar con diferentes Cursos y Workshops en el Instituto Humanista de Psicología Gestalt, Escuela Mexicana de Terapias Alternativas (EMTA) y El Centro Holístico Latinoamericano, hoy me dedico a impartir capacitación personalizada para diferentes procesos emocionales.

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