Amar no duele, es un mito que nos reprime

Me sorprende el miedo que tenemos de amar. Creemos que si damos amor nos vamos a vaciar, entonces, lo dosificamos, lo repartimos y peor aún, lo condicionamos.

Nos han enseñado a cuestionar y a juzgar a quién debemos dar amor y cuánto y cómo, pero es hora de reaprender.

Todos los conceptos con relación al amor a los que estamos acostumbrados hablan de que es hermano siamés del dolor y hemos generado un mundo tan inaccesible alrededor de él a partir de nuestro pensamiento que ¿cómo no sentir miedo de adentrarnos en el laberinto tan encrucijado del amor?

Filósofos, poetas, músicos, psicólogos y locos han compuesto un sinfín de definiciones tratando de explicarlo.

El amor, como todas las cosas bellas de la creación, goza de una simpleza tan extraordinaria que no creemos que sea tan poderoso y tan fácil sentirlo.

Es una energía que se percibe en emoción, se calienta el pecho, vuelan mariposas en el estómago, el cuerpo siente una ligera embriaguez y de pronto, te sientes suspendido en una profunda y reconfortante paz: el cerebro se da cuenta de que algo sucede, trata de explicarlo, lo interpreta y lo convierte en un sentimiento.

Pero el cerebro no da tregua, necesita saber qué provocó esta emoción, aquí es cuando nuestra confusión surge tratando de explicar el amor. Por citar una frase de ejemplo dicen por ahí “que los hijos y los maridos por sus acciones son queridos”. Esperamos que alguien haga algo por nosotros para amarlo. Relacionamos el amor con una acción y un beneficio que debemos recibir a cambio. Erich Fromm lo llama el amor inmaduro.

Después, lo clasificamos: amor paternal, amor pasional, de hermanos, hacia los amigos, hacia nuestras mascotas e incluso, hacia las cosas materiales que poseemos, aquí asignamos una cantidad y lo dosificamos, decidimos cuánto y a quién amar. Empezamos a condicionarlo.

Contrario a lo que creemos el enemigo más grande del amor es el miedo, no el odio. Realmente evitamos amar por miedo a que nos duela, a que no nos regresen lo que damos, a que no nos amen en la misma medida… ¡sí!, el dolor aparece aquí, cuando amamos a partir de la expectativa y de la necesidad.

Todo este complejo laberinto lo hace nuestro cerebro de acuerdo a nuestra educación, valores, prejuicios, heridas emocionales y, sobre todo, a expectativas y necesidades básicas, pero es una ilusión de nuestra cabeza.

No podemos controlar al amor, intentarlo es inútil, tampoco se puede negar; todo ser humano tiene la capacidad nata y natural de amar, ya que es una corriente que fluye desde nuestra conexión con lo divino. No se clasifica, es uno solo, la misma energía manifestada de diferentes maneras e intensidades: en amistad, en paternidad, en sexualidad, en espiritualidad, etc.

Jesús dijo “Ámense los unos a los otros como a sí mismos”, no explicó cómo hacerlo porque el amor no se planea, no se piensa, no se filtra, se libera desde lo más profundo de nuestro corazón de manera espontánea.

El amor es ilimitado, es una energía, no se destruye, se proyecta en un deseo de bienestar.

Es así de simple, el amor es el más puro y sencillo deseo de bienestar para ti mismo y para otros seres. Es desear que el otro “esté bien”. Nada más.

Es difícil describir cómo se siente el amor, estoy segura de que lo has sentido muchas más veces de las que te imaginas, más o menos así: calor en el pecho, que se extiende a todo el cuerpo, relajación profunda, serenidad, sensación de plenitud y en tu pensamiento la frase de “deseo que esté bien”, hasta ahí.

Pon atención a alguna situación de la vida diaria, cuando escuchas a alguien contar sus sueños en el camión, cuando eres testigo de una escena que te conmueve, cuando sabes que alguien sufre y de pronto solo se te viene a la cabeza “deseo que todo esté bien”, observa en dónde y qué sientes cuando lo piensas, seguro se te llena el corazón y puede ser que ni sepas quién es, ¿te ha pasado? Amas más de lo que tú crees, hazlo consciente y date cuenta de lo fácil que es amar.

Jass Bernal

Terapeuta Holístico en El Plan A

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Jass Bernal

Terapeuta holístico en El Plan A Soy una joven terapeuta con más de diez años de aprendizaje y práctica de diferentes caminos espirituales. Combino técnicas físicas y energéticas enfocadas a la sanación, reiki, aromaterapia, masaje holístico, entre otros. Me especializo en ayudar a las personas a descubrir y a desarrollar sus habilidades a través del desarrollo humano. Colaboro con diferentes centros holísticos promoviendo la cooperación y la unión de todos los que buscan la luz para la humanidad. Imparto cursos y talleres en temas de desarrollo humano, conciencia ecológica, aromaterapia, reiki y manejo de energía. Como amante de la naturaleza trabajo a favor del medio ambiente, revolucionaria de corazón, convencida de que se puede vivir en armonía con el universo. Escribo sobre temas de reflexión, de la conciencia y su despertar, sobre temas de salud, bienestar, ecología y sobre todo lo que pueda ayudarte a encontrar tu propio camino al bienestar, en un tono sencillo, coloquial y positivo. Soy licenciada en Ciencias de la Comunicación, maestra en Administración de Negocios con enfoque en Recursos Humanos. Ponte en contacto conmigo en mi página de Facebook “El Plan A (centro holístico)” o en elplanverde@gmail.com

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